miércoles, 17 de septiembre de 2008

De la vanidad de las palabras.

Al cabo de los años he regresado a la Universidad, gracias al “Programa para Mayores”, que desarrolla la Carlos III de Madrid. Llevo asistiendo ya tres años a unos cursos monográficos de duración cuatrimestral, y estoy francamente satisfecho, tanto con el contenido de los cursos, como por la calidad académica de los profesores que los imparten. Los cursos están orientados al mundo de las Humanidades (Historia, Literatura, Filosofía, Arte, etc.). Entre la bibliografía recomendada en un curso de Filosofía, estaban los “Ensayos” de Michel de Montaigne, humanista francés del siglo XVI (http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_de_Montaigne).
Es un libro muy extenso y de capítulos más bien cortos, en los que reflexiona sobre los temas más diversos. A veces es un poco ladrillo, pero, a mi juicio, es muy recomendable. Es uno de esos libros que hay que leer con papel y lápiz a mano, para recoger muchas de sus frases. Ayer, leyendo uno de sus ensayos titulado “De la vanidad de las palabras”, me llamó la atención la frase que transcribo a continuación:
“Decía un retórico de tiempos pasados que su oficio consistía en hacer que cosas pequeñas parecieran grandes y así las encontrasen los demás. Es un zapatero que sabe hacer zapatos grandes para pies pequeños. Habríanle azotado en Esparta por hacer profesión de un arte engañoso y mentiroso.”
Y yo me pregunto: ¿cuántos zapateros nos rodean en la vida pública española?. Y nosotros, al contrario que los espartanos, en vez de azotarles, les votamos una y otra vez, independientemente de las mentiras que de forma constante nos cuentan.

4 comentarios:

Domingo dijo...

Me abstendré de hacer el chiste fácil con lo de los "zapateros", que me conozco. ¡Je,je,je! ;)

jpolinya dijo...

Algún día decidiré leerlos. Cada vez que leo a Joan Fuster encuentro elogios de Montaigne.

LUFERURA dijo...

La frase me parece muy sabia, sobre todo cuando, en mi opinión, los grandes hacen que todo parezca sencillo y simple. Unos se empeñan en parecer y otros en hacer y ponen tanto empeño en los segundo que no les da tiempo a lo primero... y viceveras.

Un abrazo.

Fernando Solera dijo...

Los Ensayos de Montaigne, si los lees poquito a poco, son una maravilla.

En cuanto a la reflexión en cuestión, sólo puedo decirte que jamás la vida política española había aglutinado a tantos vendedores de peines.